LOS HUACOS DE MITO

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La producción cerámica preincaica y del Imperio inca adoptó toda clase de formas, estilos y calidades. El término huaco se restringe no obstante a ejemplares no reservados al uso diario sino al suntuario o ritual.

Normalmente está asociado a piezas con características plásticas notables: huacos escultóricos representando volúmenes complejos estilizados e incluso escenas culturales, edificios, volúmenes naturalistas como los huacos-retrato, representando rostros humanos, o partes del cuerpo a manera de exvotos, eróticos, instrumentos de trabajo, diversos frutos y alimentos, animales, etc.

Cuando las piezas no son de cerámica escultórica, los huacos se caracterizan por su riqueza pictórica. Así tenemos toda clase de vasijas y recipientes cubiertos de motivos polícromos abigarrados, normalmente representaciones zoomorfas o antropomorfas, mitológicas, eróticas, etc. La cerámica bicolor mochica se caracteriza por ceramios pintados detallando escenas complejas a un nivel narrativo.

En ambos casos el huaco viene asociado a la complejidad plástica (en su volumen o en su decoración), al uso no ordinario y a una consideración como recipiente muy menguado o testimonial, cosa que también tiene que ver con sus dimensiones físicas.

De esta manera, los esbeltos recipientes incas conocidos como aribalos, aun teniendo ejemplares de opulenta factura, no suelen considerarse huacos ya que su carácter utilitario está demasiado acentuado.

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LA DANZA DE LA HUACONADA===
Los tres primeros días del mes de enero de cada año, grupos de hombres enmascarados, denominados huacones, ejecutan en el centro del pueblo una serie de danzas coreografiadas. Los huacones representan el antiguo consejo de ancianos y se convierten en la máxima autoridad del pueblo mientras dura la huaconada. Ponen de relieve esta función tanto sus látigos, llamados “tronadores”, como sus máscaras de narices prominentes que evocan el pico del cóndor, criatura que representa el espíritu de las montañas sagradas. En la danza intervienen dos clases de huacones: los ancianos, vestidos con atuendos tradicionales y portadores de máscaras toscamente esculpidas que infunden respeto y miedo; y los más jóvenes, engalanados con indumentarias de colores y portadores de máscaras más trabajadas que expresan terror, tristeza o burla. Durante la huaconada, estos últimos ejecutan una serie de pasos de danza estrictamente limitados en torno a los ancianos que, debido a su edad, gozan de una mayor libertad para improvisar movimientos. Una orquesta toca diversos ritmos al compás de la “tinya”, un tamboril indígena. La huaconada, que es una síntesis de diversos elementos andinos y españoles, integra también nuevos elementos modernos. Sólo pueden ser huacones los hombres de buena conducta y gran integridad moral. La danza se transmite tradicionalmente de padres a hijos y los vestidos y las máscaras se heredan.